Hay días que no se anuncian con ruido, pero terminan diciendo mucho. Hoy fue uno de esos. Desde las 7:30 de la mañana, 12 servidores de la asociación encendieron la cocina con algo más que fuego: con voluntad.
Mientras la ciudad apenas despertaba, ya se preparaba el desayuno almuerzo que sería compartido con 37 personas en condición de indigencia, hombres y mujeres que llegaron con historias distintas, pero con la misma necesidad de ser vistos y atendidos con dignidad.
La jornada se realizó en el lado sur de la Parroquia de Guadalupe, espacio que generosamente nos abre sus puertas para estas actividades.
Nuestra asociación no forma parte de la Iglesia Católica ni de ninguna religión específica, pero siempre contamos con la valiosa colaboración de la Parroquia, a quienes agradecemos profundamente por su apoyo constante.
La actividad inició organizando a las personas en fila fuera de la parroquia. Una a una fueron siendo atendidas, con orden, respeto y cercanía.
Antes de servir los alimentos, se elevó una oración sencilla, agradeciendo la oportunidad de servir al más necesitado y recordando que ayudar también transforma a quien ayuda.
Después del desayuno almuerzo, se compartió un breve mensaje de ánimo y esperanza. No fue solo comida; fue escucha, fue presencia, fue humanidad.
Al finalizar, vino la despedida y luego el trabajo silencioso de ordenar y limpiar, dejando el lugar tal como fue recibido.
Treinta y siete personas atendidas. Doce voluntarios entregando su tiempo. Una comunidad que demuestra que cuando hay disposición, siempre hay manera.
Hoy no se cambió el mundo entero, pero para 37 personas, el mundo fue un poco más amable.